El Departamento de Estado norteamericano desapareció oficialmente este 1 de julio la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), que durante 64 años canalizó alrededor de 715 mil millones de dólares a programas de la sociedad civil y de gobiernos federales y locales en distintas regiones del mundo.
En el caso de México, se estima que solo en los últimos cinco años recibió más de mil millones de dólares para iniciativas en materia de seguridad, derechos humanos, desarrollo económico y fortalecimiento del estado de derecho, a través de proyectos liderados por autoridades locales y federales, instituciones, así como ONG’S.
El respaldo financiero se canalizaba a proyectos en cinco rubros: Prevención del Crimen y la Violencia; Imperio de la Ley; Integridad y Transparencia, así como Derechos Humanos y Medio Ambiente Sustentable.
Al anunciar el fin de la Agencia, el secretario de Estado, Marco Rubio, advirtió que este obedece a que dejó de cumplir su propósito de destinar recursos a entes que atendieran los intereses de Estados Unidos y no los locales que en muchas ocasiones derivaron en un mayor sentimiento antiestadunidense, sin respeto a los contribuyentes.
Eso sumado a que los objetivos de desarrollo pocas veces se cumplían, la inestabilidad a menudo empeoraba en el escenario mundial y los países que más se beneficiaban de su “generosidad” solían fracasar en corresponde

