domingo, abril 19, 2026
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La Kumari: la diosa viviente de Nepal, la infante es diosa hasta que llega su primera menstruación

 

En el corazón del valle de Katmandú, Nepal, sobrevive una antigua tradición religiosa y cultural: la adoración de la Kumari, una niña que es venerada como la reencarnación viviente de la diosa hindú Taleju, una forma de Durga. Esta práctica, que mezcla elementos del hinduismo y el budismo, ha perdurado durante siglos como parte fundamental del sincretismo espiritual del país.

La selección de la Kumari es un proceso riguroso. Solo pueden ser elegidas niñas de la comunidad Newar, específicamente de la casta budista Shakya o Bajracharya. Además de criterios físicos estrictos, como no tener cicatrices ni enfermedades, la niña debe demostrar valentía y poseer signos astrológicos considerados favorables. Una vez elegida, se muda al palacio de la Kumari en Katmandú, donde vive bajo el cuidado de sacerdotes y sirvientes.

Durante su periodo como Kumari, la niña participa en festivales y rituales importantes. Aunque suele permanecer en silencio durante las audiencias, se cree que sus gestos pueden predecir el destino de las personas. Su presencia es considerada un símbolo de pureza, protección divina y prosperidad para la nación.

El tiempo de la Kumari como diosa viviente es limitado. La tradición indica que la diosa Taleju abandona el cuerpo de la niña en el momento en que inicia su menstruación, lo cual simboliza la pérdida de pureza. En ese instante, la niña regresa a la vida común y se inicia la búsqueda de su sucesora.

Aunque esta práctica es admirada por su valor cultural y espiritual, también ha sido objeto de debate. Algunos cuestionan los efectos psicológicos y sociales que implica para las niñas cumplir este rol. Sin embargo, para muchos en Nepal, la Kumari sigue siendo una figura sagrada que representa la unión entre lo humano y lo divino.

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