A medida que los apagones se vuelven cada vez más frecuentes y prolongados, crece la frustración de la población frente a un sistema eléctrico al borde del colapso. En ciudades y pueblos de todo el país, los ciudadanos enfrentan cortes diarios de energía que afectan no solo su vida cotidiana, sino también su salud, seguridad y economía.
Vidas en la oscuridad
“Se fue la luz a las 10 de la mañana y no volvió hasta pasadas las 7 de la noche”, relata Mariana Gómez , madre de tres niños y residente del sector Manoguayabo . “Perdí toda la comida de la nevera . Los niños no pueden dormir del calor . ¿Así cómo se vive?”
Casos como el de Mariana se multiplican por miles. En hospitales, médicos denuncian que los inversores no alcanzan para mantener equipos vitales. En escuelas, maestros interrumpen clases por falta de ventilación y visibilidad. Pequeños negocios, como panaderías y barberías, enfrentan pérdidas diarias, mientras las grandes industrias reducen producción o despiden personal ante la incertidumbre energética.
El presidente Luis Abinader dice que se está trabajando en la solución del problema, algo que resulta poco creíble para muchos ciudadanos que han perdido la esperanza de una solución a la crisis energética que afecta el país desde hace décadas
Muchos sienten que las promesas se han repetido año tras año sin resultados concretos.
