martes, abril 21, 2026
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El sargazo un enemigo marino que asfixia las costas dominicanas

El impacto del sargazo va más allá del turismo. Su descomposición en la orilla libera gases tóxicos como ácido sulfhídrico y amoníaco, lo que provoca irritación respiratoria y dolores de cabeza,

 

 

Santo Domingo. Lo que antes era sinónimo de paraíso caribeño, playas de arena blanca y aguas cristalinas, hoy se ve invadido por una alfombra marrón flotante con olor desagradable: el sargazo. Esta alga marina, que alguna vez fue una parte natural del ecosistema oceánico, se ha convertido en un problema ambiental, económico y de salud pública para las costas del Caribe, y especialmente para República Dominicana, donde el turismo representa cerca del 15 % del PIB.

Una marea de algas

Desde principios de 2023, las playas dominicanas han sufrido oleadas inusuales de sargazo, una macroalga flotante originaria del Mar de los Sargazos. Si bien no es nueva, su proliferación masiva es reciente. El calentamiento global, la contaminación agrícola y el cambio en las corrientes oceánicas han provocado que millones de toneladas de estas algas se desplacen hacia el Caribe cada año.

En mayo de 2025, los satélites del Atlántico detectaron una cifra récord: más de 38 millones de toneladas métricas de sargazo, un 20 % más que el pico histórico de 2022.

Turismo bajo presión

En playas como Bávaro, Punta Cana, Boca Chica y Bayahibe, la escena se repite: turistas que se tapan la nariz, cancelan sus estadías o deciden cambiar de destino. Hoteles y resorts invierten entre US$30,000 y US$70,000 mensuales en limpieza, instalación de barreras flotantes y recolección manual del sargazo.

“Esto nos está matando. No es solo el mal olor. La gente llega ilusionada por la playa y se encuentra con un lodazal marrón que parece lodo. Algunos clientes simplemente se van”, comenta Ana Gómez, gerente de un hotel en Juan Dolio.

Un costo ambiental y humano

El impacto del sargazo va más allá del turismo. Su descomposición en la orilla libera gases tóxicos como ácido sulfhídrico y amoníaco, lo que provoca irritación respiratoria y dolores de cabeza, especialmente en personas vulnerables.

Además, al acumularse en grandes cantidades, el sargazo bloquea la luz solar y reduce el oxígeno en el agua, afectando gravemente los corales, los pastos marinos y la biodiversidad. Para comunidades costeras que viven de la pesca, esto significa una reducción directa en sus ingresos.

“Ya ni langostas encontramos. Todo se muere con ese sargazo”, lamenta Juan Herrera, pescador de Boca Chica.

Respuestas y desafíos

El gobierno dominicano, junto con el Ministerio de Medio Ambiente, ha implementado medidas para mitigar la situación: limpieza diaria, uso de maquinaria, instalación de barreras y proyectos piloto para aprovechar el sargazo como biocombustible, fertilizante o bioplástico.

En 2024 se recolectaron más de 25,000 toneladas métricas de sargazo, y se espera duplicar esta cifra en 2026. Sin embargo, las soluciones aún no son sostenibles ni suficientes frente a la magnitud del problema.

“El sargazo llegó para quedarse. No podemos eliminarlo, pero sí aprender a convivir con él y transformarlo en una oportunidad”, explica la bióloga marina Rosario Méndez, quien lidera un proyecto de innovación en Uvero Alto.

Un reto regional

La lucha contra el sargazo no puede ser solo local. En agosto de 2025, República Dominicana y México propusieron una alianza regional para coordinar esfuerzos, compartir tecnologías y buscar financiamiento internacional. Organizaciones como la ONU, la Unión Europea y el BID han comenzado a interesarse en apoyar estas iniciativas.

La invasión del sargazo es un síntoma visible de un problema mayor: el desequilibrio ambiental global. Para República Dominicana, no se trata solo de salvar sus playas, sino de proteger su economía, su salud pública y su imagen como destino turístico internacional.

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